Aumenta el uso de la toxina botulínica en hombres

Publicado 23/10/2009 14:10


Hasta hace algunos años, al menos en Argentina, era imposible pensar en hombres sometiéndose a tratamientos estéticos. Si apenas las madres primero y las esposas después tenían que conformarse con que "ellos" se colocaran un poco de protector solar, obviamente después de diez días de puro sol y caras enrojecidas. Por esos días, la espuma de afeitar y el "after shave" era lo único que entraba en contacto con los rostros de los argentinos.

Pues bien, ese tiempo ha terminado: según las últimas noticias de Estados Unidos, país que junto con los europeos es pionero en el cuidado de la estética masculina, en los últimos años la preocupación por el estado de la piel y mantener la juventud ha dejado de ser exclusividad femenina.

Pero hay más, ya que los últimos relevamientos indican que esta nueva preocupación no sólo incluye la utilización de cremas, preparados o lociones, sino que se basa fundamentalmente en la adhesión a tratamientos mini o semi invasivos, como la aplicación de toxina botulínica.

Crecimiento


La American Society of Plastic Surgeons señaló que entre 2000 y 2008, la utilización de esta técnica en el universo masculino creció un 233 %, mientras que en 2008, en comparación con el año anterior, se incrementó 6% realizándose aproximadamente 314 mil procedimientos.

Pero, ¿qué ocurre en nuestro país?, ¿es posible que esta tendencia se repita?.

Para la doctora Teresita Cravino, médica especialista en cirugía plástica, estética y reparadora, integrante de la división cirugía plástica del Hospital de Clínicas José de San Martín, "no sólo es posible que esta tendencia se repita, sino que además ya está ocurriendo. Si bien todavía es mayor el número de mujeres que en la argentina recurren a estos tratamientos, cada vez son más los hombres de entre 35 y 40 años, y hasta los 50 que se someten a la aplicación de toxina, pero también directamente a intervenciones quirúrgicas".

Por su parte, la doctora Mercedes Fontana, médica del servicio de dermatología del Hospital Fernández, añadió: "El hombre que está decidido a mejorar estéticamente viene a la consulta con la misma predisposición que la mujer.

Los que están resueltos quieren saber de qué se trata el método y hasta dónde corregir. Al ser una técnica semi-invasiva y no quirúrgica, la rapidez en la toma de la decisión suele ser mayor, ya que aceptan mucho más esta práctica que otras que demandan mayor complejidad y tiempo".

"Por lo general, en ambos sexos se comienza a consultar a partir de los 30 años, situación que es positiva y contribuye al éxito del tratamiento, ya que cuando la piel es joven la indicación es más pertinente. En cambio, a mayor edad, si el surco es muy profundo hay que recurrir a la combinación de dos técnicas: relleno más toxina", sostuvo la doctora Cravino.

¿Qué es la toxina y cómo actúa?


Aunque existen en el mercado varios tipos de toxina, en todos los casos, se trata de una sustancia que produce relajación muscular en la zona de aplicación. La diferencia, entonces, radica en el grado de pureza.

Al respecto, la neurotoxina botulínica tipo A de origen alemán, a diferencia de sus antecesoras, presenta un máximo grado de pureza ya que no posee "complejo proteico", un conjunto de proteínas que el sistema inmunológico del organismo puede rechazar.

Esto hace que tenga menor potencial para la formación de anticuerpos. Además, no requiere cadena de frío, lo que facilita su traslado y almacenamiento, además de dar mayor seguridad y confiabilidad al reducir el riesgo de manipulación por parte de prestadores, médicos y pacientes.

En cuanto a la aplicación, al igual que los otros tipos, al inyectarse en las arrugas la toxina produce un efecto de "alisado" que dura entre tres y seis meses.

Pasado ese lapso, con el tiempo se forman nuevas terminales nerviosas y motoras que recuperan el impulso de transmisión, por lo que el músculo vuelve a su estado original y se debe reaplicar la toxina.

La zona óptima a tratar es el tercio superior de la cara, es decir las arrugas del entrecejo, las frontales y las "patas de gallo".

Fuente:

Neomundo

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