Mitos y verdades: Obesidad y actividad física

Publicado 28/09/2009 09:50


La actividad física siempre ocupó un sitio de privilegio entre las medidas terapéuticas para la obesidad o en la prevención de la misma, porque la simple observación mostraba que las personas con intensa actividad física eran más delgadas que los de hábitos sedentarios. Incluso hay referencias sobre su aplicación con motivos terapéuticos en el siglo V antes de Cristo.

Quemar grasas

Recién en la actualidad se sabe que la actividad física es muy poco útil por si misma para perder peso porque no es tan eficaz como se creía para provocar un aumento del gasto calórico. Sin embargo la actividad física programada puede conseguir una mejoría notoria en los factores de riesgo asociados, y sólo los que pierden peso realizando una actividad física importante no pierden masa muscular (Masa libre de grasa o FFM) siendo por ese motivo los únicos que pueden mantener el peso perdido a largo plazo ya que conservan un metabolismo basal elevado.

A nivel del metabolismo muscular aumenta la sensibilidad a las catecolaminas debido a una disminución de la respuesta adrenérgica alfa y aumento de las beta durante el ejercicio, efecto que persiste durante el reposo y también aumenta la sensibilidad a la insulina fenómeno, que ampliaremos más adelante.

Esto provoca una mayor respuesta lipolítica (quemadora de grasas) y termogénica (productora de calor), siendo el mejor activador fisiológico para la oxidación de los lípidos.

Eficacia


A nivel cerebral el ejercicio de moderada intensidad disminuye el apetito por las grasas, aumentando el hambre por los hidratos de carbono para asegurar la reposición del glucógeno utilizado. Tiene efecto antidepresivo y aumenta enormemente la sensación de bienestar físico por el aumento de beta-endorfinas que provoca.

Cuando el ejercicio es intenso se promueve la oxidación de ácidos grasos, mayor pérdida de grasa subcutánea y mayor conservación de la masa magra como ya lo mencionáramos anteriormente.

O sea que el ejercicio (particularmente aeróbico) siempre es de gran utilidad si se realiza en forma programada y constante. Existen algunas circunstancias (que son muy frecuentes en la practica clínica) donde se lo prescribe terapéuticamente como a cualquier fármaco, viéndose que su eficacia es superior en más de un 50% comparado con la del mejor de los medicamentos disponibles en la actualidad (especialmente la insulinoresistencia).

Cuando hablamos de la obesidad podemos referirnos a las posibles etiologías.

Pero cuando nos preguntamos cuáles son los factores reconocidos como "DETERMINANTES", nos referimos a aquellos cuya sola presencia produce aumento desmedido de peso y vemos solamente 3 causas.

  • una baja masa libre de grasa.
  • un cociente respiratorio alterado.
  • la Insulinoresistencia.


Glucosa, insulina y obesidad


En condiciones normales después de una comida (post absorción de la glucosa) la mayoría del aprovechamiento de la glucosa se produce en tejidos insulino independientes (no necesitan la insulina para aprovechar la glucosa) de los cuales el cerebro consume aproximadamente el 50% de ella y otro 25% en órganos esplácnicos.

El 25% de la glucosa restante es consumida o utilizada en tejidos que necesitan la insulina para aprovecharla (insulino dependientes). El principal de estos tejidos es el músculo y en mucho menor medida, el tejido adiposo.

La captación basal de glucosa está acoplada con su liberación por parte del hígado. Cuando se ingiere o se inyecta glucosa este balance se rompe y el mantenimiento de una glucemia normal depende de tres procesos que deben ocurrir simultáneamente de manera coordinada e integrada.

En respuesta al incremento glucémico la secreción pancreática de insulina es estimulada y la combinación de hiperinsulinemia mas hiperglucemia es mucho más efectiva para producir la captación de glucosa por tejidos esplácnicos (hígado e intestino), tejidos periféricos (principalmente músculo), y suprimir la producción hepática de glucosa.

La resistencia a la acción de la insulina en el músculo, es la principal causa del incremento de los niveles plasmáticos de insulina (hiperinsulinemia), y ésta a su vez, es el más importante determinante de obesidad particularmente de tronco (individuos panzones), hipertensión arterial, aumento del colesterol LDL (malo), reducción del colesterol HDL (bueno), aumento de triglicéridos, con el consiguiente desarrollo de enfermedades cardiovasculares y Diabetes tipo II.

Fuente:

LatinSalud.com

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