La atención de la salud debe cambiar en el último año de vida

Publicado 21/08/2009 15:28


NUEVA YORK -- Reuters Health -- En el último año de vida, las personas usan más recursos de salud que las que tienen por lo menos tres años más por delante, demostró un estudio llevado a cabo en Holanda.

Los peores problemas de salud en esas personas fueron "decisivos" para explicar el aumento del uso de los servicios de salud, informó el equipo de la doctora Anne Margriet Pot, del Centro Médico de la Universidad Libre de Amsterdam.

Mientras que parecería obvio que las personas demanden más cuidados antes de morir, y estudios previos han confirmado que los costos son los más altos en el último años de vida de una persona, no existe información sobre el tipo de servicios que realmente se utilizan.

"Además de los costos, es importante conocer el tipo y los determinantes del uso de los servicios de salud en la última fase de la vida", publicó el equipo en BMC Health Services Research.

Para investigarlo, los autores analizaron a 3.107 hombres y mujeres de entre 55 y 85 años, a los que se controló durante tres, seis y nueve años.

Los que murieron en el primer año posterior a alguno de los ciclos de tres años (262 personas en total) fueron clasificados como el grupo "del final de la vida", mientras que los que sobrevivieron por lo menos tres años después del final de un ciclo fueron clasificados como "sobrevivientes".

Como era de esperar, el grupo del final de la vida usó más servicios de salud. Eran principalmente hombres y unos ocho años mayores que los sobrevivientes. Además, estaban más enfermos y eran más propensos a tener problemas cognitivos o visuales, a estar deprimidos y considerar que su salud era regular o mala.

Las diferencias en los servicios utilizados variaron según la edad; los participantes más jóvenes que no sobrevivieron usaron más servicios de agudos que los sobrevivientes, mientras que los mayores no sobrevivientes necesitaron atención de más largo plazo que sus pares sobrevivientes.

Entre los participantes de 62 años, por ejemplo, los que murieron fueron cuatro veces más propensos a haber estado hospitalizados que los sobrevivientes y 1,5 veces más proclives a consultar a un especialista.

En los participantes de 77 años, los no sobrevivientes fueron seis veces más propensos a recibir atención profesional en el hogar, cuatro veces más a necesitar atención informal en el hogar y tres veces más proclives a recibir atención institucionalizada a largo plazo.

El equipo observó también diferencias en el tipo de atención que las personas recibieron según su nivel socioeconómico.

Los participantes más pobres fueron más propensos a vivir en una institución o un centro similar, mientras que los participantes con mayor nivel educativo fueron más propensos a consultar a especialistas médicos.

Las personas que convivían con una pareja y tenían hijos viviendo cerca fueron más propensas a responder que recibían atención en el hogar, ya sea informal o profesional.

Las personas con alteración cognitiva fueron menos proclives a consultar a especialistas comparado con aquellos sin esa alteración, lo que sugiere que "la baja capacidad cognitiva reduciría el acceso a la atención adecuada", señaló el equipo.

Estos resultados, concluyeron los expertos, ayudarán a planificar la asignación de recursos para el cuidado de los pacientes y de sus personas cercanas en el final de la vida.

FUENTE: BMC Health Services Research, 5 de agosto del 2009

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