Comienzan las clases. Claves preventivas para llegar más sanos al colegio.

Publicado 02/03/2010 09:35


Comienzan las clases y es tiempo de prevención. El comienzo del ciclo lectivo ofrece una oportunidad para reorganizar la alimentación, los horarios y el tiempo libre de los chicos.

Comienzan las clases (o al menos eso es lo que indica el calendario escolar), y la necesidad de cumplir con los controles de salud y de aptitud física que exigen las escuelas ofrece una excelente oportunidad para revisar muchos aspectos de la salud de nuestros hijos, que va más allá de sólo ponerse al día con las vacunas.

- Control médico


El control de salud al ingreso escolar debe formar parte del control de la salud del chico (que en edad escolar debería visitar al pediatra dos veces al año) y debe realizarse con responsabilidad, ya que en pediatría lo que se hace es prevención.

El control en salud al ingreso escolar debería incluir una revisión de los hábitos alimentarios, de higiene y de descanso del chico; debería incluir también un examen físico completo, una evaluación de su desarrollo madurativo, de la audición, la visión y la salud bucal. Por todo esto, se entiende que no debe ser un mero trámite.

El control de salud al ingreso escolar también debería incluir un control de las inmunizaciones. Pero ése es el punto que sigue...

- Vacunas

Según el Calendario Vacunatorio Oficial argentino, los chicos que ingresan a la escuela primaria deben recibir tres vacunas: la triple bacteriana, que previene la difteria, la tos convulsa y el tétanos; la triple viral, que brinda protección contra el sarampión, la rubéola y la paperas, y la Sabin oral, que inmuniza contra la poliomielitis.

A los 11 años, el calendario indica la vacunación contra la hepatitis B y un refuerzo de la triple viral.

Los chicos que están en cuarto año de la secundaria, que cumplen 16 años, deben recibir el refuerzo de la doble adultos. Esa vacuna brinda protección contra la difteria y el tétanos.

- Sueño


Al comenzar las clases, los chicos vienen de las vacaciones, durante las cuales suelen acostarse tarde y dormir menos, por lo que es importante tratar de reorganizar los horarios de sueño, con la mayor anticipación posible, que agrega que el tiempo de sueño para un chico en edad escolar debería no ser menor a 8 o 9 horas diarias.

Durante la noche, mientras dormimos, el sistema nervioso central organiza todo lo que hicimos intelectualmente durante el día; si uno no duerme bien, se corta ese proceso.

Un chico que está en período de aprendizaje, con una actividad intelectual muy importante, pero que no duerme lo suficiente, no podrá organizar toda esa actividad intelectual y tendrá un menor rendimiento escolar, además de estar de mal humor y excitado durante el día.

- Cuidar la alimentación


El día escolar debe comenzar con un desayuno que debe contener el 25% del total de calorías diarias. Para lograrlo, nada resulta más que acostarse antes y levantarse un poco más temprano. El desayuno se asocia no solo a un mejor rendimiento escolar sino a delgadez.

= ¿Qué ofrecer a la hora del desayuno?: Tiene que tener un buen aporte de hidratos de carbono y leche (ver abajo-Alimentación equilibrada).

En la escuela, los chicos reciben por lo menos el 30% de la ingesta diaria. Por eso es tan importante el menú escolar. Los padres pueden mandar una vianda (los sándwiches con carnes magras, panes saludables y verduras son una buen alternativa rápida para salir del paso), pero en caso de que ésta no sea la mejor opción o la más saludable, lo que deben hacer es que en casa se complemente aquello deficitario en horario escolar. Para eso, los padres deben conocer el menú del colegio.

= Todo un tema fundamental es el snack o el quiosco escolar. El snack debe en lo posible complementar la alimentación diaria. Por eso lo más saludable sería ofrecer minisándwiches de queso, frutas, trozos de queso envasados, leches envasadas con chocolate o sabores diversos, barritas de cereal o cajitas con cereales, pequeños paquetes de galletitas de 4 o 6 unidades, cajitas con pochocho o turrones. Otras buenas opciones son los biscochuelos o las vainillas. En algunos países existen chips de frutas y poseen buena aceptación.

- Mochilas

Con sólo revisar la lista de útiles, libros de textos y demás elementos escolares que deberán caber en la mochila, uno teme por la salud de la espalda de los chicos.

= Dato importante: La mochila no debería pesar muchos más del 10% del peso corporal del chico, y lo mismo se aplica para las que tienen carrito.

= Otros consejos a la hora de elegir mochila: el peso de la mochila debe sentirse repartido en las zonas de contacto con el cuerpo (las correas, la espalda y la cintura), por lo que deben evitarse las que sólo pesan en la cintura; cuanto mayor sea la zona de contacto con el cuerpo, mejor.

- Tiempo libre y actividad física

La vuelta de vacaciones y el comienzo de clases requiere una reorganización del tiempo de los chicos y de la familia. Es un buen momento para organizar los horarios de sueño, los horarios de televisión y de computadora.

= Algunos parámetros para tener en cuenta: el tiempo delante de la pantalla, sea televisión o computadora, no debería ser mayor a 2 horas diarias. Y lo que se ve en la televisión y en la computadora debería ser supervisado por los padres para evitar contenidos inadecuados, así como también para evitar que antes de dormir los chicos vean cosas que los excitan demasiado y que les dificulten conciliar el sueño.

A la hora de pensar la agenda de actividades que los chicos realizarán durante el año, los pediatras aconsejan reservarle un lugar no menor a la práctica de actividad física extraescolar, dejar lugar para el esparcimiento y el ocio y, por último, no sobrecargarlos de actividades que, más entrado el año escolar, puedan ser fuente de agotamiento excesivo para los chicos.

- Una alimentación más equilibrada

El inicio del año escolar enciende el interés sobre qué les pasa y qué se puede hacer en relación con la mejor nutrición y una alimentación saludable para nuestros hijos.

Los principales problemas en lo que respecta a nutrición son la obesidad creciente (10% de los niños ingresan en la escuela primaria ya obesos y egresan en esa condición no menos del 15%) y algunas deficiencias bien descriptas por la Encuesta Nacional de Nutrición.

Ese estudio halló un 45% de chicos con ingesta insuficiente de calcio (bajo consumo de leche y lácteos), 40% con ingesta insuficiente de vitamina C (ausencia de cítricos), 27% con ingesta insuficiente de vitamina A (nuevamente leche, lácteos y verduras).

Más aún, casi tres de cuatro chicos tienen un exceso en la ingesta de grasas saturadas. Ya desde chicos, los argentinos mostramos nuestro fervor por la carne vacuna, comiendo no menos de un 30% más que lo estrictamente indispensable, aún en contextos de pobreza y -lo que es peor para nuestro sector agroalimentario- promovido por las propias políticas públicas.

Y, finalmente, todos consumen menos fibra que la recomendada (una vez más verduras, frutas y granos enteros).

Entonces, la escuela recibe a chicos más bien gorditos (la desnutrición es marginal), con varios desequilibrios: la tan mentada "desnutrición encubierta u oculta".

Dos de las características comunes de los chicos, pobres y no pobres, es la monotonía de su dieta y el mal hábito de desayuno.

La falta de variedad es la "madre" de los desequilibrios; los chicos pobres basan su monotonía en guisos, harinas, pastas y los más pudientes no salen de unos 20 o 30 productos, pocos en general.

El desayuno debería ser una comida principal en los niños; la edad escolar es fundamental para la salud ósea, presente y futura. No menos de medio litro diario de leche es la cuota necesaria para cubrir las necesidades de calcio. ¡Y estamos produciendo cada vez menos leche!

La escuela ha tenido históricamente un fuerte protagonismo en la provisión de leche. Pero ya no lo tiene. La copa de leche ni es copa (nunca lo fue) ni suele tener mucha leche. Un kilo de leche en polvo debería garantizar un vaso de leche para 40 chicos. La realidad en miles de escuelas es que no menos de 100 o 120 chicos usan ese kilo. El resto del vaso, té o mate cocido.

= Un desayuno saludable ideal debería contener: además de leche una porción de cítricos y algún tipo de cereal, copos, galletitas de no mucha grasa, pan. Y el almuerzo o la cena ideal debería ser un laboratorio de experiencias sobre cómo incorporar frutas y verduras en formas amigables, aceptables por los niños.

Claro que para esto es necesario que se recreen la mesa familiar y el acto de cocinar.

Fuente :

Proyecto Salud

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