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La paradoja del Avastin

Publicado 15/07/2009 11:06


¿Qué hace que el fármaco anti-cáncer de Genentech funcione mejor en algunos pacientes que en otros?

Los intentos por diseñar fármacos contra el cáncer utilizando los últimos avances en biología molecular a veces me recuerdan a Galileo Galilei y su moderno telescopio. Cada vez que observaba el cielo por la noche, usando en cada ocasión instrumentos más potentes, aparecían más y más estrellas, dificultando la posibilidad de que alguien pudiera llegar a contarlas todas algún día.

Esta es la analogía: cada vez que los nuevos descubrimientos y tecnologías parecen aportar respuestas a los problemas médicos, también añaden nuevas capas de complejidad y costes.

Así ha ocurrido con uno de los mayores avances en cuanto a diseño de racionalización de fármacos durante la década pasada: Avastin, un fármaco anti-cáncer producido por Genentech, y que utiliza un enfoque totalmente alejado de la alta toxicidad de las quimioterapias para intentar eliminar los tumores. Avastin es un anticuerpo que funciona mediante el bloqueo del suministro de sangre al tumor.

Avastin fue aprobado por la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) con gran éxito en 2004, y hoy día se utiliza para tratar el cáncer de colon, pecho, pulmón y—desde el mes pasado—de cerebro. Hace cinco años, Mark McClellan, por aquel entonces miembro de la comisión de la FDA, definió la autorización del Avastin como “prueba de lo prometedoras que resultan las innovaciones biomédicas.”

Desde aquel entonces, la idea racional en la que se basó el diseño del fármaco ha dado paso una serie de resultados inesperadamente complejos.

Avastin cuesta 55.000 dólares por cada curso de terapia, y proporciona a Roche, que adquirió Genentech a principios de este año, 4.800 millones de dólares al año. Sin embargo, el fármaco sólo amplia la esperanza de vida una media de dos meses en comparación con otros medicamentos contra el cáncer.

Para algunos pacientes, el impacto sobre la esperanza de vida es mucho mayor, aunque para otros el medicamento no sirve para nada. Los resultados también varían en función del tipo de cáncer. Las pacientes de mama no ven su esperanza vital incrementada, y hasta un 26 por ciento de los pacientes con cáncer de cerebro ven un incremento medio de cuatro meses—algunos pacientes experimentan incrementos mucho mayores.

El fármaco también puede ayudar a que algunos—aunque no todos—pacientes puedan seguir el tratamiento con pocos efectos secundarios, afirma el oncólogo David Agus, director del Centro contra el Cáncer Westside en la Universidad de Southern California.

“El problema es que no sabemos identificar qué pacientes responderán al tratamiento,” afirma el oncólogo Eric P. Winer, director del Centro de Oncología de Mama en el Instituto contra el Cáncer Dana-Farber. “Así que nos vemos obligados a probar Avastin en un gran número de personas.”

El fármaco normalmente se proporciona como parte de un cóctel con medicamentos de quimioterapia, durante un proceso que incluye las mismas partes de ciencia, experiencia y experimentación. “Intentamos retirar los fármacos que no funcionan lo más rápidamente posible,” afirma Agus, “pero normalmente acaba siendo una cuestión de prueba y error.”

Las variaciones genéticas son las que, obviamente, provocan las diferencias en los resultados, afirma Winer, aunque los científicos no han sido capaces de localizar al ADN culpable, o incluso identificar si sus variaciones se dan en los tumores o en el paciente.

No es que haya un deseo de experimentar. Genentech afirma que sus investigadores han comprobado apenas 150 marcadores genéticos en un búsqueda, hasta ahora inútil, por encontrar biomarcadores genéticos que ofrezcan pistas acerca de las diferencias en los resultados, y que se puedan utilizar como test de diagnóstico para seleccionar a aquellos pacientes que puedan disfrutar sus beneficios. El objetivo es crear un test de biomarcadores como que el está disponible en la actualidad para el Herceptin, otro tratamiento contra el cáncer de mama de Genentech diseñado sólo para mujeres que den positivo en las pruebas y tengan más copias del gen HER2 de lo normal.

En la actualidad, Genentech está llevando a cabo unas pruebas clínicas a gran escala con el BRCA1, un gen que en su estado mutante se asocia con el cáncer de mama, aunque los resultados no se sabrán hasta pasado un tiempo.

Por ahora, los oncólogos siguen suministrando Avastin a muchos de sus pacientes, y las aseguradoras son, en gran medida, las que cubren el alto coste del fármaco. Sin embargo Winer duda que esto siga ocurriendo en una época como esta, donde los costes relacionados con los cuidados sanitarios crecen cada día más. “Si no somos capaces de discernir qué pacientes podrían beneficiarse del tratamiento, lo que tenemos es un fármaco que es carísimo y tiene cierta toxicidad que no obtiene respuesta; no podemos seguir utilizándolo indefinidamente si no somos capaces de utilizarlo con los pacientes a los que sabemos que va a resultar de ayuda,” señala. “Necesitamos, desesperadamente, saber a quién beneficia este medicamento.”

Winer cita una nueva iniciativa de Susan G. Koman de Cure, un grupo de apoyo a los pacientes de cáncer de mama, por la que se dedicarán 6 millones de dólares durante los próximos cinco años para investigar esta cuestión.

Probablemente, la cuestión más difícil para nuestra sociedad tenga que ver con la cantidad de dinero que estamos dispuestos a gastar en tratamientos que no funcionan en la mayoría de los pacientes.

“Nos gustaría pensar que el precio no es un inconveniente, pero la realidad no es así,” señaló recientemente Leonard Saltz, experto en cáncer de cólon en el Centro contra el Cáncer Memorial Sloan-Kettering, a Forbes.

Agus afirma que si logra encontrar un tratamiento contra el cáncer que beneficie de forma sustancial al 10 por ciento de sus pacientes, valdría la pena administrárselo a todos los pacientes. Sin embargo, ¿quién está dispuesto a correr con los gastos? ¿Y cuál es el número de beneficiarios que se consideraría aceptable? ¿Un diez por ciento? ¿Un treinta por ciento? ¿Un tres por ciento? Todas estas son preguntas que no teníamos por qué tener en cuenta dentro del sistema de salud americano—hasta ahora.

Por tanto, continúa la competición entre los costes cada día mayores y la investigación para comprender la complejidad de las reacciones ante un fármaco que fue concebido de forma racional, pero que por ahora ha sido tan difícil de aplicar con precisión como lo es contar las estrellas.

Fuente:

Technology Review

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