La onicofagia y sus efectos en la salud

Publicado 10/10/2009 09:57


La onicofagia es el nombre científico que se le da a la costumbre de morderse las uñas, uno de los trastornos nerviosos más frecuentes en niños y mayores. Además de ser un problema estético afecta a la salud y sus consecuencias pueden resultar dañinas para uñas y dientes.

La onicofagia afecta al 45 por ciento de los menores. Aparece alrededor de los 3 o 5 años, sobre todo entre los niños más nerviosos y aumenta su frecuencia hasta los diez o doce años, edad en la que usualmente se suele renunciar a ella.

Los especialistas aseguran que, por razones estéticas, las chicas se preocupan antes que los jovencitos por evitar morderse las uñas y son las primeras en demandar ayuda, algo que suele comenzar entre los 13 y los 15 años.

No obstante en muchos casos, la onicofagia perdura después de la infancia. Según estadísticas, aproximadamente una de cada cuatro personas continúa con esta mala costumbre en la adultez (25%).

Los expertos señalan que la onicofagia es una forma de reducir la ansiedad, una práctica que se convierte por momentos en una distracción fácil y relajante.

La onicofagia es un hábito que se inicia normalmente en la infancia, consiste en un simple acto de imitación, donde los niños hacen lo que ven hacer a sus padres. En la mayoría de casos el origen de la onicofagia se encuentra en la ansiedad y la forma que las personas tenemos de paliarla o contrarrestarla.

La costumbre de morderse las uñas se convierte con el tiempo en un acto reflejo del que no se es consciente y por ello resulta más difícil dejarlo, sobre todo ante situaciones de estrés, nerviosismo, angustia, insatisfacción personal, etc; que intensifican la costumbre, generando así un círculo vicioso difícil de romper.

La onicofagia más allá de lo estético

Muchas de las consecuencias de la onicofagia son estéticas. Las manos, los labios e incluso los dientes, pueden verse alterados en su forma, no obstante las consecuencias más graves tienen lugar en el plano físico, en dientes, encías y en las propias uñas, que pueden llegar a sufrir graves daños.

  • Dientes: El repiqueteo constante de un incisivo contra el otro al morderse las uñas, provoca que los incisivos superiores e inferiores se desgasten y afeen, provocando un problema estético ya que las piezas dentales lucen recortadas.
  • Uñas: El continuo mordisqueo al que son sometidas, hace que las uñas no crezcan bien. Se crean microtraumatismos a lo largo de todo el lecho ungueal, la parte que se encuentra bajo las uñas, alterándose su anatomía. Asimismo, también se ocasionan pequeñas heridas alrededor de las uñas, que hacen que el dedo se inflame y duela. Surgen padrastros y verrugas periungueales en la piel que rodea a las mismas.
  • Infecciones: La onicofagia también puede provocar pequeñas infecciones por bacterias, virus, hongos o cándidas en las uñas, al entrar en contacto con la flora de la boca y porque se están continuamente chupando y macerando. Estas infecciones, en muchos casos se trasladan a la mucosa oral dañando boca y encías.
  • En el plano psicológico: El mal estado de las uñas provoca diversas reacciones, sobretodo vergüenza ante la posibilidad de que otras personas observen las uñas comidas, los dedos infectados y heridos. O bien un retraimiento cuando se trata de compartir actividades que conllevan la exposición abierta de las manos.


¿Cómo remediar la Onicofagia?


El hábito de morderse las uñas es difícil de controlar, pero no es imposible de erradicar. Sin embargo, requiere gran fuerza de voluntad y control sobre uno mismo.

Aunque existen remedios caseros como cubrir las uñas con esmaltes o sustancias amargas que provocan el rechazo de la persona al llevar los dedos a la boca, los especialistas señalan que la solución más eficaz para acabar con la onicofagia este hábito procede del campo de la psicología.

En la infancia, la responsabilidad de que el niño no se muerda las uñas recae directamente en los padres. Para ello se aconseja llamar la atención a los hijos pero sin darle demasiada importancia. Se trata de crear pautas para que controlen el hábito, pero sin concentrar demasiado la atención de los padres en este punto. El problema se puede agravar si se reprende duramente al niño y se utilizan expresiones que puedan resultar hirientes.

En cuanto a los adultos, si la situación ha llegado a extremos de quedarse literalmente sin uñas o bien genera una ansiedad que afecta la vida personal, lo aconsejable es acudir al psicólogo, quien ayudará a determinar las situaciones que provocan la onicofagia, para así controlar el hábito.

Además, el psicólogo puede estar en combinación con un dentista, quien confeccionará una especie de funda entre los molares y premolares que impida que los incisivos se junten y así el poder morderse las uñas.

Según indican los expertos desde el momento en el que una persona deja de morderse las uñas, éstas necesitan unos ocho meses para restaurarse, y se debe esperar un mes y medio más, para asegurar el abandono definitivo del hábito.

Fuente:

Salud.com

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