Se aumenta la sensibilidad de los tumores ante la quimioterapia

Publicado 02/07/2009 15:18


Unos escudos bacterianos asestan un doble revés al cáncer.

Una nueva investigación describe el uso de células bacterianas vacías para distribuir substancias que atacan a los tumores con gran precisión.

Según publica un grupo de investigadores en Nature Biotechnology, esta técnica ha permitido a unos ratones sobrevivir a tumores agresivos de colon, pecho y útero, unos tumores que en otros animales de control provocaron la muerte. Además, la precisión del sistema guiado de distribución de anticuerpos ha logrado que sólo sea necesario usar diminutas cantidades de quimioterapia tóxica—hasta 3.000 veces menos que las dosis terapéuticas estándar—para lograr un resultado efectivo.

En primer lugar, los científicos utilizaron el sistema de distribución para desactivar el mecanismo que las células de tumores resistentes a los fármacos utilizan para expulsar dichos fármacos anti-cáncer en cuanto son suministrados. Después, y una vez que se consigue que los tumores vuelvan a ser vulnerables ante los agentes de la quimioterapia, se utiliza una segunda onda de “minicélulas” encargadas de distribuir el medicamento contra el cáncer. Estas “minicélulas” están diseñadas para transportar anticuerpos que se adhieren a las células cancerígenas.

Con este método se podría superar el problema de la resistencia a los fármacos contra el cáncer. Los cambios genéticos en las células del tumor, que se dividen y mutan a gran velocidad, les permiten rechazar aquellos medicamentos que en principio resultan efectivos.

Esta resistencia está provocada por las mutaciones que afectan a la capacidad de la célula del tumor para metabolizarse, asimilar o, de forma más común, rechazar los fármacos contra el cáncer. A menudo, las células resistentes a los fármacos producen cantidades inusuales de P-glicoproteína, un componente de las proteínas bomba que permite a las células expulsar un amplio abanico de fármacos, incluyendo a los agentes quimio-terapéuticos, antes de que dichos agentes logren matar a la célula.

Con esta idea en mente, un equipo de la firma biotecnológica EnGeneIC, en Nueva Gales del Sur, junto a la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, y el Laboratorio Cold Spring Harbor, en Nueva York, han creado unas mini células—unas bacterias a las que se les ha extraído el ADN—con la intención de usarlas para dejar fuera de combate a estas proteínas bomba y acabar con el rechazo hacia los fármacos.

Para desactivar el bombeo, los científicos colocaron en las minicélulas pequeñas cepas de ARN, llamadas siRNA (small interfering RNA, o ARN interferente pequeño), diseñadas para bloquear la expresión del gen responsable de la P-glicoproteína. También unieron unos anticuerpos a la superficie de las minicélulas para que se unieran de forma específica a ciertos marcadores celulares que sólo se encuentran en la células del tumor que se desea tratar. Finalmente, las minicélulas se distribuyeron a través de una inyección intravenosa.

Una vez unidas a sus objetivos gracias a los anticuerpos, las minicélulas fueron absorbidas y rápidamente distribuyeron su contenido dentro de los tumores de los ratones inmunológicamente debilitados. Estos animales habían recibido unos injertos muy agresivos de cáncer de pecho, útero o colon.

Para los tres tipos de cáncer, los ratones que habían recibido la quimioterapia gracias a las minicélulas aún seguían vivos pasados 100 días, mientras que los que recibieron quimioterapia a través de la infusión intravenosa estándar murieron. Los investigadores creen que la supervivencia de los ratones tratados con minicélulas se debió al alto nivel de especificidad del objetivo de la quimioterapia tóxica. El tratamiento no sólo resultó ser más efectivo, sino que en los ratones tratados con cáncer de intestino la cantidad de fármaco tóxico utilizado fue 3.000 veces menor que la que se inyectó en los animales de control.

El estudio “proporciona una evidencia convincente de que esta estrategia logra inhibir el crecimiento de los tumores resistentes a los fármacos,” afirma Daniel Anderson desde el Instituto David Koch para la Investigación Integrada contra el Cáncer en MIT. Sin embargo, denota que es necesario llevar a cabo un análisis más detallado de la interacción potencial de las minicélulas con el sistema inmunológico humano antes de que esta técnica pueda llevarse a las clínicas. (Los animales del estudio no parecieron sufrir efectos secundarios.)

Himanshu Brahmbhatt, director de EnGeneIC, y que dirigió el estudio, afirma que en unos estudios aún por publicar con 96 monos se indica que el tratamiento con minicélulas causó “sólo una pequeña reacción inmune a pesar de las repetidas dosis, y que no existen signos de toxicidad.” Afirma que su equipo comenzará unas pruebas de seguridad en humanos usando células equipadas con fármacos anti-cáncer “dentro de un par de meses.”

Si los próximos tests de seguridad con minicélulas de ARN en perros salen como está previsto, es entonces cuando esta estrategia de tratamiento gemelo, mediante la que se invierte la resistencia a los fármacos y después se aplica la quimioterapia, se podría empezar a utilizar en personas de aquí a 18 meses, señala Brahmbhatt.

Fuente:

Technology Review

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