Buscan futuros fármacos bajo las aguas del mar Ártico

Publicado 17/07/2009 11:37


La bioprospección es la búsqueda de genes, moléculas y organismos con características que podrían aprovecharse con fines comerciales. No se trata de una actividad nueva: hace décadas que esforzados investigadores se dedican a la búsqueda de compuestos con propiedades médicas en la selva.

La bioprospección es la búsqueda de genes, moléculas y organismos interesantes y extraordinarios cuyas características podrían aprovecharse con fines comerciales. No se trata de una actividad nueva: hace décadas que esforzados investigadores se dedican a la búsqueda de compuestos con propiedades médicas en la selva. Más del 60% de las casi 900 nuevas entidades químicas sacadas al mercado en los últimos 20 años fueron halladas en la naturaleza.

Hasta ahora la mayor parte de la actividad de bioprospección se ha desarrollado en tierra firme, pero el número de compuestos nuevos encontrados en los ecosistemas terrestres ya empieza a decaer, motivo por el que los especialistas en esta materia han puesto sus miras en un recurso desaprovechado en gran medida: los océanos.

En un litro de agua marina hay millones de bacterias, por lo que el potencial es enorme, explica la Dra. Jeanette Andersen, coordinadora de investigación de MARBIO, un centro de bioprospección marina radicado en la Universidad de Tromso, en el norte de Noruega. Al resultar ahora más fácil acceder al ambiente marino, disponemos de toda una nueva fuente de moléculas.

El analgésico Prialt es un ejemplo de fármaco de origen marino. Contiene un compuesto activo producido por el caracol cónico marino Conus magus, que lo utiliza para paralizar a los peces. Ahora ese mismo compuesto se utiliza en la medicina para aliviar el dolor crónico.

El equipo científico de Tromso centra sus esfuerzos en especies que habitan en los mares que rodean el Ártico. Opinamos que el Ártico es un medio extraordinario, declara Andersen. Las especies de esa región han desarrollado una serie de ardides fisiológicos y bioquímicos para sobrevivir en el severo medio ártico, y los científicos confían en dar con material de utilidad clínica.

Científicos de diversas especialidades así como PYME (pequeñas y medianas empresas) del sector farmacológico colaboran en estos momentos en la selección de organismos marinos árticos con el fin de encontrar sustancias útiles para la fabricación de medicamentos novedosos y de gran interés.

La primera etapa del proceso de investigación consiste en la recogida de muestras, para lo cual se valdrán de un buque de investigación. Cada muestra se registra y marca con información sobre la especie correspondiente y las condiciones ambientales del lugar donde se obtuvo.

Estos datos son importantes dado que, por ejemplo, una misma especie podría producir sustancias distintas a distintas temperaturas. Una vez en el laboratorio, los organismos de mayor tamaño se diseccionan y se comparan con otros de la misma especie.

Hasta ahora los investigadores han recabado muestras de alrededor de quinientos organismos (invertebrados en su mayoría).

Las muestras se someten a un sinfín de pruebas para averiguar si contienen sustancias que podrían poseer propiedades antioxidantes o servir para combatir tumores cancerosos, curar infecciones bacterianas, aliviar inflamaciones o facilitar el control de la glucemia en los diabéticos.

Las muestras se purifican y vuelven a analizar hasta que se han aislado todas las sustancias potencialmente útiles. Hasta ahora los científicos han reunido cerca de doscientas sustancias en una base de datos. Lo más probable es que la mayoría de ellas ya se conozcan, si bien encontrar moléculas conocidas no es necesariamente malo, como indicó Andersen.

La siguiente etapa del proceso consiste en un análisis más profundo de las sustancias interesantes seleccionadas y en la determinación de su estructura, propiedades y modo de acción. Esta fase es extremadamente lenta, razón por la que para los investigadores es fundamental decidir a qué moléculas se debe dar prioridad. Actualmente son nueve las sustancias que se encuentran en esta segunda fase.

Andersen ve el futuro con optimismo. Tenemos mucha confianza en encontrar gran cantidad de moléculas nuevas que pueden convertirse en fármacos o servir para el diagnóstico de enfermedades -asegura con entusiasmo-. Otras podrían servir para crear alimentos funcionales.

Fuente:

Neomundo

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